Carlos Barbarito

samedi, juillet 04, 2009 by La Rédaction

20 Poemas
Selección de Luis Alberto Vittor
Universidad Argentina John F. Kennedy
Buenos Aires
Especial para Le Caravansérail des Poètes


1. DIARIO DE ABRIL


Atardece, el viento penetra por debajo de las puertas
y, en las terrazas, las ropas danzan la triste música del otoño.
Veo a dos adolescentes acariciarse en un banco de estación,
ella tiene los ojos azules y él la aprieta contra su pecho.
Después, ¿buscarán una habitación
y se desnudarán el uno al otro y en silencio, la luz de una lámpara?

¿Qué es el viento? ¿Quién es que me llama por mi nombre de viajero?
¿Qué soy, quién soy que me miro en el espejo y no me reconozco?
Y la respuesta que tarda en llegar,
y mi hijo que duerme su sueño de invertebrado en el vientre de la desconocida,
ahora que estoy solo, en otoño, y ningún pájaro me sobrevuela.


2. ESCRITO EN LA PARED DEL SIGLO


Qué esfuerzo el de la tibia por alcanzar al pájaro,
el del vaso por contener el alba,
el del caballo por ser mariposa.
Qué dolor el del que da de beber a su propia sombra,
el del que siempre anda descalzo sobre las brasas.
Qué número el uno irremediable,
qué desnudez la del que nunca anduvo desnudo,
la del que llora al borde del pañuelo
su hartazgo de dioses y su hambre de alimento.



3. RAINER MARIA RILKE Y YO EN EL 269


El invierno reporta su frío entre los pasajeros
que duermen o conversan.
Siento que no tengo sitio en este mundo,
que es todo es ajeno y extraño,
hasta la camisa que visto, el pan que llevo en la bolsa.
Abro tu libro y leo:
Solo, ¿qué debo hacer con mi boca?
¿qué de mi noche? ¿qué de mi día?
No tengo amada, no tengo hogar,
lugar ninguno donde vivir.
Querido poeta de Praga,
qué poco cambiaron los tiempos.


4. PALABRA ROTA



Estoy estigmatizado por una muerte apremiante
en la que para mí la muerte verdadera no lleva terror.

Artaud.

Nos estamos muriendo.

Andamos por la densa niebla tocando la última
cuerda de un violín que nos pertenece, solos entre
inmensos carteles de angustia, creyendo hablar o
besar cuando en verdad agonizamos de espaldas
y sin remedio.

Mientras el vinagre fluye, y el ácido fluye, y hasta
el veneno, atados a un adverbio, a un alfiler de corbata
morimos. Ciertas manchas, de polvo o de fósforo,
cierto harapo de riguroso lunes, cierta hebra de morfina
necesaria, nos arrastran aunque estemos durmiendo y
nos ponen desnudos ante el destino.

Morimos de sellos, de eternos dolores morimos, de
palos y concilios morimos, sin mares lunares, sin pájaro
en el hombro, sin una línea de garabato. Qué manera de
estarnos muriendo. Rueda de miseria dentro de rueda.
Orfandad y silencio.

El día pesa como difunto en las espaldas y hasta la
Filosofía es un niño que llora arrodillado en las puertas
de la tierra.

Nos estamos muriendo y nada de Lázaros.


5. EL TRAGALUZ

Ella la de los ojos llenos de sueños ya en la oscuridad

No ha servido de nada que durmiéramos juntos
que juntos oyéramos el lejano pitido de los trenes
no ha servido de nada
ni la lánguida llovizna del otoño
ni el puño de Vallejo bajo el mentón ni mi caminar
por las vías solitarias
ni mi padre plantando rosales en la mañana
mi las borracheras ni la poesía leída en voz alta
como si fuese el más sagrado evangelio
ni los largos cabellos de Rimbaud ni mi madre
tejiendo cerca de la ventana
ni la nieve y los tranvías de Innsbruck
ni el hotelito suspendido en la noche de Venecia ni
la muerte de hantos ni los labios partidos
ni los insultos ni los escupitajos
ni el mar ni Picasso ni Trilce ni la filosofía

No ha servido de nada ni mi lanto ni mi insomnio

El dolor es mucho y llega a todas partes


6. TRILCE, LV

Vallejo diría que la Muerte está soldando cada lindero
a cada hebra de cabello perdido, que todos los días amanece
a ciegas a trabajar para vivir, que ya no ríe cuando su madre
reza en infancia y en domingo, a las cuatro de la madrugada,
por los caminantes, encarcelados, enfermos y pobres.

Barbarito dice que hoy llueve a cántaros sobre los techos,
que está solo como un perro, que le duele mucho el brazo
izquierdo y aún más el derecho, que ya no besa ni habla en
sueños.

Barbarito dice también que está cansado de usar el mismo
saco y de caminar por las mismas veredas (1), que éste es un
siglo de manos y él no tiene manos, que éste es un siglo de
carne y sangre y él sólo tiene huesos.

Vallejo diría Muerte, miércoles, pena, mucha pena, y
vértebras, y trapecios.

Barbarito dice lluvia, soledad, dolor y hastío.


7. POUND REVISITED

Ve libro mío en la mudez nacido,
y abraza a quien se apiadó de solteros y casados,
de la pequeña Aurelia y de las vendedoras de tienda,
y que ahora es una sombra,
una presencia fantasmal que cruza los jardines de Kensington,
los senderos de los sucios, vigorosos herederos de la Tierra.

Abraza a quien un día entregó su vasto corazón a la lluvia
y se quedó para siempre en las aguas del zafiro,
dile que yo también me he unido al vuelo de las golondrinas
y traigo en mi sangre la luz de los abedules y el oro rojo de los arces,
para que cuando llegue la más terrible de las horas
y en mí todo sea cernido y disuelto,
ante los ojos de mis ojos permanezca intacta la Belleza.


8. LAUTREAMONT



¿Ducasse? Dirás el aparecido, el vertiginoso círculo en
llamas en cuyo centro el hombre queda suspendido en
un vacío de inerte y sombría plenitud, el furioso hijo
de la crueldad que recorre la tierra para diseminar todos
los dolores, todos los venenos.

¿Ducasse? Dirás el de la existencia anfibia, el mutante,
el que concluye pactos con la prostitución y lame las
sangrantes heridas de los niños.

¿Ducasse? Diré el que escribe sentado cerca del piano,
el triste y silencioso caminante por las orillas del Sena,
el que permanece horas ante un libro que no lee, sumido
en profundas ensoñaciones, el que tiene miedo y tiembla
cada vez que la noche viene a visitarlo.


9. ARTAUD



Quien siente dolor en los huesos como
yo no tiene sino que pensar en mí.


entró en el hospicio, baboso, desdentado, vacilante
una sensación de quemazón ácida en los miembros,
músculos retorcidos y como al rojo vivo,
el sentimiento de estar en vidrio y frágil
se dejó caer, definitivamente vencido, sobre el camastro
una fatiga demoledora y central, una especie de fatiga aspirante,
una especie de fatiga de muerte, de fatiga de espíritu
a lo lejos, los lentos animales nocturnos mutaban sus formas
adquirían alas, ojos acostumbrados a la luz
los pájaros se convertían en hombres y los hombres en pájaros
pero él ya no podía darse cuenta de ello
ni siquiera del resplandor que entraba por el tragaluz
la oscuridad se hacía profusa y sin objeto,
el hielo ganaba la claridad


1981


10. UN TORDO APARECIÓ MUERTO ESTA MAÑANA EN MI JARDÍN


No es esa ala quebrada,
esos ojos cubiertos por una película blanquecina,
ya definitivamente vueltos hacia lo Oscuro,
tampoco es la brisa de la mañana,
venida desde lo más lejos para tan sólo agitar una pluma,
ni el silencio, ni el rocío, ni las hileras de hormigas
brotando del corazón de la tierra,
es eso Otro, lo que mi mente no alcanza a explicarse,
lo que llega para rasgar el velo de las cosas,
para abolir de un golpe lo que fue milagro de la altura,
orgullo del aire, matrimonio perfecto del canto y la sangre.


1984


11. LIBRO DE POLVO

A Héctor Viel Temperley, en memoria.


El enfermo tosió
como si no quedara replandor en el mundo.
Oímos ese batir de viento contra un parche reseco
pero pasamos de largo sin detenernos.
Tocado por una fría salamandra
el fuego empezó a consumirse
y con aquel fuego que se reclinaba,
cada atardecer, para mirar en las llamas
una imagen de su propia alma.
Y si bien nuevas monedas fueron acuñadas
ya nadie pudo comprar con ellas cosa alguna,
ya nadie pudo besar o hablar en lengua de ángeles
y hasta los niños debieron guardar
en sus bolsillos los dados, llorando.
Campana tañendo sola bajo la lluvia
en reclamo de rebaños y bandadas,
guitarra partida en la espalda por un rayo,
esa tos acabó por alcanzarnos
como un dardo lanzado a través del aire,
nos arrancó del precario equilibrio
sobre ruedas que giraban veloces
y, tumbados como quedamos en la tierra,
nos puso adelante un lodoso espejo
para que en él, sucios, temblorosos, nos mirásemos.


12. CABALLOS

And by the splendid vision
Is on his way attended;
At length the Man perceives it die away,
And fade into the light of common day.
Wordsworth.


La vida se compone de encuentros y abandonos:
una luz de una vela alumbrando un rostro
y luego oscuro, un pájaro
rozando una piedra con su pico
antes de reemprender el vuelo.
Bajo las olas del mar nos abrazamos,
bajo las olas del mismo mar
nos quedamos solos,
como caballos en la lluvia,
como pesados carros en el lodo;
y al amor sobreviene siempre
una cruz de sangre pintada en una puerta,
un cortejo de encapuchados
diciendo nuestros nombres
por las diez mil calles de la peste.
Yo, como todos, debo ser residuo de una forma
que nos fue arrebatada, de algo
que era como un enloquecido zumbido de abejorros,
no esto, la lluvia calándome los huesos,
el látigo golpeándome la espalda,
un carro del que tiro sin moverlo ni un poco
y tu boca, ardiendo como una estaca pero lejos...


13. TAO DE LA MUJER AMADA

1
Hembra: misterio y puerta.


2
Las avispas y las serpientes no la pican,
las fieras no le echan la garra,
las aves rapaces no la arrebatan.

3
Huesos blandos, músculos flexibles,
misterio sobre misterio,
puerta de las maravillas.

4
¿De quién es hija?
Parece anterior al Cielo y a la Tierra.

5
Sin salir por su puerta
sabe lo que es el Mundo.
Sin mirar por la ventana
ve los caminos del Cielo.
Antes de conocerme ya me conocía.
No me había visto y me nombraba.

6
Dijo:
Si a mí te agarras te agarrarás a la vida,
viajarás y no te encontrarás
con el rinoceronte ni con el tigre;
entrarás sin armas y sin escudos
en medio de los combatientes.
El rinoceronte no tendrá por dónde meter su cuerno,
ni el tigre su garra, ni el arma su filo.
La muerte no encontrará lugar.


7
Después, oscuros y luminosos,
ya formas sin una Forma,
figuras sin una Figura,
nadie que pudiera vernos,
de frente, las cabezas,
por detrás, las espaldas.


14. DOÑA ISABEL DE VELAZCO DICE

No hay peor infierno que morir intacta.

Y en ese infierno estoy desde hace horas o días o
años, esperando sin esperanza desde los glaciares
de mi vientre que vengan los lobos y me desgarren
a voluntad esta carne que se obstina en seguir
prendida a mis huesos para recordarme mi condena.

Desde mi corazón de mica, espero sus afilados
dientes, sus olores a almizcle, sus uñas jamás
cortas, sus feroces sacudidas. Y yo, o estos
despojos que son ya y ya no yo, deshaciéndome,
disolviéndome entre esas garras y esos dientes
con la infinita felicidad de quien se extravía por fin
junto con su angustia en las ciénagas del olvido.

No hay peor infierno que acabar entera, sin haber
mordido las sábanas en un cuarto bajo los relámpagos,
sin haber sentido surgir de adentro un furor de sangre,
sin haber temblado como poseóda bajo el peso bello
y tremendo de una demencia sin muerte, de una
peste sin muerte.

Sola, bajo la tierra, perseguida por las mismas
visiones que me atormentaron en la larga agonía
junto a las gasas y los cirios: lentas sombras obligadas
a reunir su hacienda con migajas, con dientes de perro,
con biznas de pasto -yo, una de esas sombras- y a
dejar la miserable herencia a un mundo que exige
incendios, golpes de olas, ágiles leopardos.

Yo, la cobardemente pura, pido perdón a Dios.


15.JAMÁS VI SU ROSTRO, PERO LO ADIVINO…


Jamás vi su rostro, pero lo adivino
mientras el agua de la mañana empapa mis ropas
y atravieso vías muertas y vacíos depósitos
hacia la casa. Por eso
que nunca vieron mis ojos humanos
y sin embargo desde siempre conozco,
encuentro firmeza en lo volátil
y alimento donde otros encuentran ayuno.

Así, de lo que va a quemarme
es todavía la víspera, de la vida,
aunque breve, aún es el apogeo;
aún respira en el útero
la que para el mundo yace lejos y perdida.


16. BOTES EN LA ORILLA, EN FILA, ATADOS...

Botes en la orilla, en fila, atados
a postes enterrados en la playa.
En la casa ante el océano,
parecemos dormidos pero no:
me pregunta, con los ojos cerrados,
en silencio, por magia o lengua de ángeles,
lo que no sé, y yo,
también en silencio, a través del mismo arte,
respondo con un relámpago en el horizonte
donde se juntan las olas con el cielo sin nubes.

A ese relámpago vamos en bote,
en cualquiera de ellos, libre de amarra.
Navegamos, ahora sí dormidos,
nos dejamos llevar por la corriente,
llegaremos antes que la luz se extinga
y, al llegar, ya despiertos, ella sabrá por fin
y yo habré olvidado en el viaje la pregunta.

17. VIRGINIA WOOLF, SOUTH HAMPTON ROAD


Dónde buscar lo que imanta
a hombre y mujer sino en la gota
de agua de lluvia que resbala por el vidrio;
dónde encontrar el arriba y el abajo,
la sanidad o la locura, si cada cosa parece ser máscara:
los pájaros del jardín que hablan griego,
la puerta que se abre para que surja el tigre,
una flor que cae,
el frío seco y el cielo gris,
un perro que se convierte en hombre,
el espíritu orgulloso y burgués,
las mariposas nocturnas
que se posan sobre flores plateadas, en pleno día.
¿Y la muerte? En el vientre,
de pronto, un dolor de parto pero imposible,
cualquier rostro entre los rostros
se revela desnudo y se vuelve atroz;
cómo narrar esa falta de luz,
ese abismo todo gravedad
del que nada ni nadie escapa
y en cuyo centro arden, desfigurados,
espesor, prosa, relámpago.

18. HACIA EL TIMÓN...

Hacia el timón
más allá de la bruma, el espacio
donde caben el hombre y su sombra
por fin lleno y saciado de si
y de mundo. O, quizás, hacia
una espuma fugaz
en la superficie,
una olla de carbones encendidos
ante la peste que acecha.
O, tal vez, hacia un leño encendido
antes de que caiga al mar,
el último aceite en la lámpara,
el amor previo a la usura,
el canto de los grillos
en vísperas del Diluvio.


19. HACIA DONDE SE DIRIGE EL AGUA DE ESTOS DÍAS…


Hacia donde se dirige el agua de estos días.
Lo que soy, por entero delante de sus ojos.
Al uno, dos y tres acude el mero consuelo,
el que sabe de la lluvia pero no clava el puñal en el barro.
Hacia donde nadan los casi ahogados,
sus espaldas de plata que en vez de salvarlos
los sumerge. Y, al final, todo es número,
proscripción para la única ala del único pájaro,
viento ciego que sopla para música en casas de sordera.

Lo que fui, abandonado entre candados y acordadas.
Bajo la armadura, el desnudo.

Entre desnudo y desnudo, el intersticio
por el que se filtran todavía los ecos del juicio.

La pala recoge helechos secos y amores secos
y los que empujan miseria con sus huesos
no hallan resarcimiento.

Hacia el fósil, lo que cabe en una caja,
el hijo que sólo será padre,
el libro surcado de venas, el desfogue,
el zodíaco que miente, el breviario que no sostiene.

¿Víspera? Yo diría que el después,
un después del pie desnudo sobre la grava,
sus ojos que me miran
como si ya no quedara mundo
o en el mundo quedase, apenas,
una vida puesta del revés y sin dominio.


20. NABOKOV

Veo a los que van a llevarlo, agrisado
y ciego, bajo un cielo cuyo peso se duplica
y curva las ramas. Son los mismos
que van a llevarme también a mí,
en una mañana de escarcha,
de mí quedará una manzana en un plato,
que se pudrirá sin ser pelada ni comida.
¿Y él, qué es lo que deja?
¿Un temblor silente, un alerce abstracto?
¿Una mariposa inventada,
huellas de bicicletas sobre la arena,
un nido abandonado, un muro nocturno, un pisapapeles?
Desnudo bajo su traje blanco,
ya no verá nacer una nueva palabra
entre moon y moonbeam;
lo cargan en una carretilla de jardinero,
se lo llevan cuesta abajo,
por un sendero, tumbado sobre hojas secas
y tallos quebrados, más allá de fulgores de nácar,
de erratas, sarcasmos y nogales.








CARLOS BARBARITO, poeta, escritor y crítico de arte argentino. Nació en Pergamino, Argentina, el 6 de febrero de 1955. Su obra literaria comprende quince libros de poesía y dos de crítica de artes plásticas. Ha publicado los siguientes libros: Poesía quebrada (1984); Teatro de lirios (1985); Éxodos y trenes (1987); Páginas del poeta flaco (1989); Caballos y otros poemas (1990); Bestiario de amor (1992); Viga bajo el agua (1992); Meninas. Desnudo y la máscara (1992); El peso de los días (1995); La luz y alguna cosa (1998); Desnuda materia (1999); Puntos de fuga (2002); La orilla desierta (2003); Amsterdam (2004); Piedra encerrada en piedra (2004); Radiacion de fondo (2005). Su obra ha sido traducida al inglés, francés, portugués, italiano y holandés.