Oliverio Girondo

samedi, juillet 04, 2009 by La Rédaction



8 Poemas





1. APARICIÓN URBANA

¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los ruidos,
Herido,
Malherido,
Inmóvil,
En silencio,
Hincado ante la tarde,
Ante lo inevitable,
Las venas adheridas
Al espanto,
Al asfalto,
Con sus crenchas caídas,
Con sus ojos de santo,
Todo, todo desnudo,
Casi azul, de tan blanco.
Hablaban de un caballo.
Yo creo que era un ángel.


2. AZOTADME

Aquí estoy,
¡Azotadme!
Merezco que me azoten.

No lamí la rompiente,
La sombra de las vacas,
Las espinas,
La lluvia;
Con fervor,
Durante años;
Descalzo,
Estremecido,
Absorto,
Iluminado.

No me postré ante el barro,
Ante el misterio intacto
Del polen,
De la cama,
Del gusano,
Del pasto;
Por timidez,
Por miedo,
Por pudor,
Por cansancio.

No adoré los pesebres,
Las ventanas heridas,
Los ojos de los burros,
Los manzanos,
El alba;
Sin restricción,
De hinojos,
Entregado,
Desnudo,
Con los poros erectos,
Con los brazos al viento,
Delirante,
Sombrío;
En comunión de espanto,
De humildad,
De ignorancia,
Como hubiera deseado.

¡Como hubiera deseado!.


3. CALLE DE LAS SIERPES

A D. Ramón Gómez de la Serna

Una corriente de brazos y de espaldas
Nos encauza
Y nos hace desembocar
Bajo los abanicos,
Las pipas,
Los anteojos enormes
Colgados en medio de la calle;
Únicos testimonios de una raza
Desaparecida de gigantes.

Sentados al borde de las sillas,
Cual si fueran a dar un brinco
Y ponerse a bailar,
Los parroquianos de los cafés
Aplauden la actividad del camarero,
Mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
Hasta que pueda leerse
El anuncio de la corrida del domingo.

Con sus caras de mascarón de proa,
El habano hace las veces de bauprés,
Los hacendados penetran
En los despachos de bebidas,
A muletear los argumentos
Como si entraran a matar;
Y acodados en los mostradores,
Que simulan barreras,
Brindan a la concurrencia
El miura disecado
Que asoma la cabeza en la pared.

Ceñidos en sus capas, como toreros,
Los curas entran en las peluquerías
A afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
Y cuando salen a la calle
Ya tienen una barba de tres días.

En los invernáculos
Edificados por los círculos,
La pereza se da como en ninguna parte
Y los socios la ingieren
Con churros o con horchata,
Para encallar en los sillones
Sus abulias y sus laxitudes de fantoches.

Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
Trescientos doce curas
Y doscientos noventa y tres soldados,
Pasa una mujer.
A medida que nos aproximamos
Las piedras se van dando mejor.


4. DICOTOMÍA INCRUENTA

Siempre llega mi mano
Más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
Y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
Advierto que mi cuerpo
Se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
Donde yo me siento.

Y en el preciso instante
De entrar en una casa,
Descubro que ya estaba
Antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
Y que mientras me rieguen de lugares comunes,
Ya me encuentre en la tumba,
Vestido de esqueleto,
Bostezando los tópicos y los llantos fingidos.


5. ESCRÚPULO

Me parece que vivo
Que estoy entre los ruidos
Que miro las paredes,
Que estas manos son mías,
Pero quizás me engañe
Y paredes y manos
Sólo sean recuerdos
De una vida pasada.
He dicho "me parece"
Yo no aseguro nada.


6. PLEAMAR

Nada ansío de nada,
Mientras dura el instante de eternidad que es todo,
Cuando no quiero nada.



7. RESTRINGIDO PROPÓSITO

Demasiado corpóreo,
Limitado,
Compacto.
Tendré que abrir los poros
Y disgregarme un poco.

No digo demasiado.


8. ESPANTAPÁJAROS

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible
- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.

Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.

"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.




OLIVERIO GIRONDO, poeta y escritor argentino. Nace Oliverio en Buenos Aires, un 17 de Agosto de 1891, en el seno de una familia acomodada de ilustres antepasados. Dedica casi en su totalidad el año 1923 a recorrer España y a gestar el que será su segundo libro de poemas, Calcomanías, publicado precisamente en España en 1925. De regreso en Buenos Aires, funda en 1924, junto a Evar Méndez y algunos otros escritores y artistas, el periódico Martín Fierro. En 1937 aparece su relato Interlunio publicado por Editorial Sur. En 1942 la editorial Losada publica Persuasión de los días. En 1946 aparece una plaquette con un único y extenso poema: Campo nuestro. Aldo Pellegrini presenta en el número 2, noviembre de 1953, de la revista Letra y línea los primeros poemas que en 1956 compondrán la edición definitiva de En la masmédula. Un accidente sufrido en 1961 le deja disminuido durante los últimos años de su vida. Muere en Buenos Aires el 24 de Enero de 1967.