Otto René Castillo

samedi, juillet 04, 2009 by La Rédaction


4 Poemas *


1. HOLOCAUSTO DEL ABRAZO


Yo, que amo como nadie la poesía,
que comprendo la tristeza de un árbol;
el dolor de un poeta, su inmensidad
condenada al recipiente chico;
su ir y venir del sueño al desvelo;
su galope loco por los territorios,
donde la estrella hable,
el fuego embiste
y la vida y la muerte
son amantes del ciclón y del cisne;
yo, no puedo llegar a abrazar
a todos los poetas;
oír como crece la hierba azul
de la poesía desde su alma;
navegar por los ríos
escondidos en sus manos;
oír como cae el viento
en el desfiladero
de sus palabras más amargas;
nacer también desde su pecho
como una rosa oscura y anónima
y decirle al tímido: tomad
mi brazo, marcharemos juntos.
Y hacerle sentir el resplandor
de la amistad más ancha,
para que no sea menos su dolor;
su agónico paso por el mundo.
Y enseñarle al triste
la bella cintura de la risa,
para que su tristeza
sea dulce lámpara amorosa
y no lirio que se apaga
cuando la soledad se enciende.
Y al poeta de vigorosos aceros
cultivarle en el pecho
la rosa más bella y más grande
para que no pase por el mundo
con la pupila ciega
y la ternura coja
y sepa amar la vida
donde la misma surge
con su rostro flameante.
Y entender a todos
y a todos decirle: vive,
porque la vida
es la poesía más alta.


2. HOLOCAUSTO DE LA MERIENDA TRANQUILA


Yo, que busco mi pan diario
en las manos nupciales
de la harina; que amo la gaviota
silvestre de su vuelo
y el corazón mundial del trigo
con su rostro moreno por el ardor
del sol, del agua, de los aires;
yo, no puedo comer mi pan tranquilo,
mi pan que amo y que me gusta,
porque me da la fuerza para el beso,
para el vuelo de mi mano,
para la lluvia de mi frente.
Yo, no lo puedo comer tranquilo
mientras le falte al mundo;
mientras el mundo no cambie
y no cese el combate
jadeante de los dientes;
mientras lo humano se desgaste
y lo lobo nos crezca
y el hambre nos mate
a sobresaltos sucesivos.

¡Qué terrible mi tiempo!


3. HOLOCAUSTO OPTIMISTA


¡Qué terrible mi tiempo!


Y sin embargo, fue mi tiempo.
No lo impuse yo, tan sólo
me tocó hundir mis pasos
en su vientre
y caminar con el fango
hasta el alma,
llenarme la cara de lodo,
enturbiarme la pupila
con el agua sucia
y marchar
hacia la orilla futura
dejando una huella
horripilante
que hederá
para todos los tiempos.
Y sin embargo, fue mi tiempo.
Pustolento. Perruno. Horrendo.
Creado por el lobo, en verdad.
Sufrido por el hombre, a verdad.
Destruido con odio y muerte
en nombre del amor y la vida.

¡Qué terrible mi tiempo!

Y sin embargo, fue mi tiempo.
Hombres del futuro, cuando
penséis en nuestro tiempo,
no penséis en los hombres,
pensad en las bestias
que fuimos mordiéndonos
a dentelladas homicidas
los pedazos de alma
que tuvimos,
pero pensad también
que en este combate
entre animales
se murieron las bestias
para todos los siglos
y nació el hombre,
lo único bueno de mi tiempo.
Y que en medio de todo,
algunos vimos,
llenos de telarañas
y de polvo genésico,
cómo el hombre
fue venciendo a la bestia.
Y cómo el futuro
se acercaba
con una estrella
en los cabellos,
cuando moría
la bestia
bajo el peso
del hombre.


4. HOLOCAUSTO DEL AMOR


Yo, que pregoné el amor,
la ternura entre los hombres,
debo gritar, odiar, señalar
al cobarde con un dedo,
más quemante que el fuego.
¡Qué terrible mi tiempo!
Cuando quisiera leer
el color de las orquideas
comprender el idioma azul
de nuestros lagos;
y galopar un cerezo sonoro,
tengo que estallar
como un disparo obscuro
y escapar, en la noche,
de los sueños más dulces.
Yo que amo veinticuatro horas al día
que tengo el corazón
más grande
que el tiempo, no puedo amar
ciegamente, desatando mi alma
sus corceles de besos.
¡Qué terrible mi tiempo!
Cuando quisiera inclinar
mi frente al fondo
del regazo que amo;
localizar mi rostro
en un recodo de tus ojos;
ayudar a que vuelen tus labios
hacia el fuego
y enseñarte una a una
las virtudes del agua
presentarte a mi amigo el otoño;
cuando fuma su pipa
de hojas amarillas,
recostado
como viejo marinero
a la orilla del sueño
cuando quisiera venir y decirte:
mirad la espuma, amor mío,
mirad qué ancho el cielo
y tenderme contigo
junto a la raíz madura del trigo,
yo tengo que decirte adiós,
desde mi sangre que enviuda,
desde mis manos que lloran
desde mi alma que se quiebra
en tu dolor, que llueve
desde muy adentro de tus ojos.








OTTO RENÉ CASTILLO
, poeta guerrillero nacido en la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, en 1936. El 19 de marzo de 1967 fue herido en combate y capturado por las fuerzas antiguerrilleras del gobierno, y conducido junto con su compañera Nora Paiz a la base militar de Zacapa. Ambos recibieron terribles torturas a manos de un capitán del ejército guatemalteco. La tortura duró 5 días. El 23 de marzo de 1967, junto con 13 campesinos colaboradores de la guerrilla, fueron fusilados y luego sus cuerpos quemados